17 may. 2010

tiempo

tengo miedo de escribir en este blog, como si pudiera equivocarme. siento la vida moverse debajo de mi piel, acomodarse y sólo alcanzo a recordar algún sueño, alguna vaga idea de lo que me perturba.


la garra en la garganta se manifiesta a veces con más fuerza. pienso en mis sueños y me pregunto qué significan, ¿qué significo yo?


definitivamente es más fácil enojarme con los demás que encontrar el valor de verme a los ojos, sin enojos, sin culpas.


ahora que escribo esto, no sé por qué, viene un olor a cedro. recuerdo a mi abuelo y sus gubias, la herida en las manos, las veces que se cortaba y se iba, goteando sangre a la cocina. el jabón: “es importante que no se infecte”, el limón y la sal después. también me curaba así.


otras veces, cuando  nos machucábamos los dedos, había que  meterlos en agua muy caliente con sal: “lo más que aguantes” y mi abuela me sostenía los dedos dentro. recuerdo eso con más dolor que los machucones. supongo que de no haberme curado así, recordaría con dolor los dedos aplastados. de todos modos algo falta. algo faltó.


sigo mis pasos. sé que algo sigue, algo viene. cómo la vez que después de peinarme, vi mis propias canas en el cepillo. como una muerta que mira en retrospectiva su vida, supe que llegué a envejecer, que todo mi pelo se puso blanco, plateado como el de abuelita, que logré cosas, al menos, sobrevivir.


lo que no pude recordar es cómo lo había logrado. ¿conseguí lo que quería? ¿tuve un tórculo e hice grabados? ¿tuve hijos? ¿fui feliz? ¿viajé? todo eso está aún en el aire. ya no tengo ganas de desearlo y ya no quiero temer que llegue.


tal vez es tiempo ahora. siento las manos palpando mi rostro, como descubriendo por primera vez, caminando con sorpresa por las cuencas de los ojos, los pómulos, los labios…


diciendo en voz baja, en susurros: “esta eres tú, anatta”.

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